[MERCURIADOS]

 
 

Historia de la amalgama

En palabras del Prof. Dr. Maths Berlin (Berlin, 2004: 154): [Ver: http://www.seychelles.net/smdj/SECVIB.pdf]

Desde el momento en que la amalgama fue introducida para realizar empastes dentales, surgió la preocupación ante el hecho de que la toxicidad del mercurio pudiese dar lugar a inaceptables riesgos para la salud. (...) La incidencia respecto a los efectos secundarios más habituales se estima en un 1%. Esto equivale a 10.000 pacientes en una población de 1 millón de portadores de amalgamas dentales; un considerable problema de salud. En el Informe de la OMS sobre mercurio inorgánico[2] (...) se estableció que el mercurio de las amalgamas constituye la fuente principal de adquisición de mercurio, lo que equivale, como mínimo, a todas las otras posibles fuentes de adquisición de mercurio juntas[3].

Como decíamos anteriormente, la preocupación y disputas en el seno de la comunidad médica y científica sobre la toxicidad o inocuidad del Hg de las amalgamas, resultó en las llamadas “guerras de la amalgama”; “guerras” que han llegado a la actualidad y que, como toda guerra, han dejado, y siguen dejando, bajas/daños directos y “daños colaterales”. A continuación centraremos esas “guerras” en su contexto histórico.

Pues bien, yendo a los inicios, parece ser que fueron los chinos, ya en el siglo VII, los primeros en utilizar una “pasta de plata” que contenía Hg para empastes dentales. A lo largo de la Edad Media, alquimistas en China y Europa observaron que el misterioso líquido plateado, extraído del cinabrio, era volátil y desaparecía rápidamente en forma de vapor cuando se calentaba ligeramente. Los alquimistas estaban fascinados de como a temperatura ambiente el Hg disolvía el polvo de otros metales tales como la plata, el estaño y el cobre. A principios de 1800, el uso de la pasta de Hg/plata como material de obturación dental se popularizó en Francia y el Reino Unido (Inglaterra en particular) y fue “exportada” a los Estados Unidos de América (USA) en los años 1830.

Pronto (1833: 1ª GUERRA DE LA AMALGAMA) algunos odontólogos expresaron su preocupación respecto a su eficacia como material; otros respecto a la intoxicación mercurial, pues ya era harto conocido el hecho de que la exposición al Hg daba lugar a claros efectos secundarios, incluso demencia y pérdida de coordinación motora. Inmersos en este “caldo de cultivo”, en 1840 el Dr. C. A. Harris funda la “American Society of Dental Surgeons” (ASDS), la cual, ante las evidencias de efectos secundarios en portadores de amalgamas, prohíbe en 1845 a sus miembros el uso de la amalgama. Durante la década siguiente algunos miembros de la ASDS fueron expulsados por mala praxis al empastar con amalgama. Pero siguió habiendo defensores de la amalgama y disminuyó el número de afiliados a la ASDS, de modo que en 1855 la ASDS retiró la prohibición acerca del uso de la amalgama y se disolvió en 1856. En el lugar de la ASDS, surge en 1859, la actual “American Dental Association” (ADA) que defendía (y defiende) la amalgama como material dental seguro. Poco después se añadió estaño a la fórmula de la amalgama para mejorar las propiedades de ésta como material dental (reduciendo así la expansión que, anteriormente, llegaba a dar lugar a la fractura del diente/muela y/o a la protusión de la amalgama sobre la cavidad dental). Así, en 1860, con la presión de la industria, la prohibición quedó anulada y, en 1870 comenzó un “boom” de la amalgama bajo la recomendación del Dr. J. F. Flagg, que la presentaba como un buen material, libre de todo peligro. Había importantes razones económicas para la promoción de la amalgama como sustituto de otros materiales dentales, como el cemento, el plomo, el oro y el papel de aluminio (papel de plata)[4]. En 1895 se modifica la mezcla de metales en la amalgama para controlar su expansión y contracción. En 1916, el Dr. G. V. Black perfecciona aún más las propiedades mecánicas de la amalgama, principalmente en relación con la expansión del material.

En 1926 (2ª GUERRA DE LA AMALGAMA), en Europa (concretamente en Alemania) surgen preocupaciones científicas sobre la seguridad de la amalgama en términos de salud para sus portadores a raíz de un Informe del profesor de Química, el Dr. Alfred Stock, del Wilhelm Institut. Stock describió su experiencia con la amalgama, que había destruido gran parte de su vida, como productora de vapor de Hg. Sus detallados experimentos científicos han adquirido sobrada validez, dado que pudieron ser confirmados sus hallazgos en la actualidad por investigadores independientes[5]. El Dr. Stock recomienda evitar completamente la amalgama como material de obturación o no utilizarla si existe otra alternativa, debido a la exposición continua al Hg, aunque sea a dosis pequeñas, pues puede dar lugar a síntomas tales como cansancio, depresión, irritabilidad, mareo, diarrea, falta de apetito, catarros crónicos, etc. Este autor llega a hablar de las amalgamas como “grave delito contra la humanidad”. Fue el Dr. Stock quien acuñó el término micromercurialismo y clasificó la sintomatología de él derivada en 3 categorías o grados. Las reacciones a las tesis de Stock (a favor y en contra) no se hicieron esperar. Los postulados de Stock tuvieron siempre enfrente a la gran defensora de la amalgama, es decir, a la ADA[6], para quien la amalgama era (es) el mejor material para restauraciones dentales, tanto por sus características mecánicas como por su inocuidad (excepto en el caso de “escasísimas” documentaciones de reacciones alérgicas o de hipersensibilidad al Hg). El trabajo de 1857 del Dr. Kart O. Frykholm, publicado en la revista Odontológica Scandinavica en Suecia, constituye para la ADA la gran “prueba” de que la amalgama dental no es peligrosa para el organismo, con la excepción de muy pocos individuos exageradamente sensibilizados frente al Hg.

En 1978 estalla en Suecia la 3ª GUERRA DE LA AMALGAMA: fue una lucha de 12.000 personas organizadas y de las propias autoridades suecas frente a los riesgos del Hg. Como resultado de su labor investigadora e informativa se prohíbe allí la obturación dental con amalgama en 1997. Pero ya desde 1991 las amalgamas fueron retiradas de las bocas de los suecos y cambiadas por empastes de otros materiales con cargo a la Seguridad Social porque se había demostrado su toxicidad. También ha habido “batallas” en países como la antigua Unión Soviética, donde la amalgama se prohibió en 1975 o en Japón, donde desde 1982 sólo se hacen empastes de plástico. Asimismo, los estados norteamericanos de California y Colorado, y el gobierno de Alemania, obligan a colocar carteles de advertencia sobre la amalgama en las clínicas dentales.

Nosotros creemos que se podría hablar ya de una 4ª GUERRA DE LA AMALGAMA a raíz de la macro reunión médico-científica celebrada en USA entre los días 1 y 7 de septiembre de 2006. El 7 de septiembre, después de escuchar y analizar las evidencias presentadas por defensores y detractores de la amalgama (representantes de distintas asociaciones/organizaciones médicas y de otro tipo, médicos, terapeutas e investigadores, políticos, abogados, y personas afectadas por los componentes de la amalgama —principalmente el Hg—), los investigadores gubernamentales de la FDA [7] estadounidense contradijeron un Informe de investigadores federales y establecieron que “es preciso realizar más investigaciones”. En este sentido, si bien los investigadores de la FDA no declaran a la amalgama como material no seguro, en una votación de 13 frente a 7, dicen que “... el Informe federal no presenta clara y objetivamente el estado actual de conocimiento sobre los empastes dentales” y “... en una segunda votación de 13-7, dijeron que las conclusiones del Informe sobre seguridad [de la amalgama] no eran razonables dada la cantidad y calidad de información que se puede manejar en la actualidad. También dijeron que “... las persistentes incertezas respecto al riesgo de las así llamadas amalgamas de plata hacen demandar mayor investigación. En particular, es preciso investigar sobre los efectos de los empastes mercuriales en niños y en los fetos de embarazadas con amalgamas”. “Hay demasiadas cosas que no sabemos, demasiadas cosas que no fueron consideradas”, dijo el Dr. Michael Aschner, catedrático de Pediatría y Farmacología en la Vanderbilt University, e investigador consultado por la FDA [8] .

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