[MERCURIADOS]

 
 

El camino del empaste al cuerpo

Siete empastes de amalgama corresponden a un peso de unos 2 gramos de mercurio (Hg) puro. Tan sólo un gramo de mercurio (Hg) conduciría a la muerte por inyección directa. Soportamos esta cantidad porque, en primer lugar, en la amalgama el Hg está en su forma elemental o metálica (que es relativamente poco tóxica) y, en segundo lugar, porque se disuelve y es absorbido por el cuerpo lentamente. A sólo 20 grados centígrados se evapora el Hg y en esta forma de vapor sí es altamente tóxico. Al poder darse en la boca temperaturas entre 40 y 60 grados, continuamente se libera vapor de Hg, que es absorbido por el cuerpo. Como ya vimos en el epígrafe anterior, existen además una serie de circunstancias que hacen aumentar la liberación de Hg de las amalgamas dentales (ver límites admisibles de mercurio). De esta manera, según la “Regla de Habermann”, con dosis pequeñas, pero prolongadas, se sufre la misma (o superior) gravedad de intoxicación que con intoxicaciones agudas o en corto plazo.

Pues bien, el Hg nos llega al cuerpo a través de cuatro caminos:

  1. Desde la cavidad bucal y nasal llegan vapores de Hg a la circulación sanguínea y, a través de los nervios, directamente al cerebro. (El Hg elemental o metalico de las amalgamas, que es muy tóxico al salir en forma de vapor de Hg, se transforma --un parte-- en mercurio inorgánico y, por la acción de la flora bucal, otra parte se transforma en el peligroso Hg metílico o metilmercurio). Así, p. ej., los vapores se ingieren parcialmente por los pulmones a través de las vías respiratorias y pasan también a la circulación sanguínea, donde se transforma una parte del vapor de Hg: oxida a iones de Hg (una forma aún más tóxica que el vapor). Puesto que órganos como el hígado, la vesícula biliar, el corazón y los riñones trabajan como un filtro sanguíneo, es aquí donde se almacena principalmente el metal tóxico.
  2. Se desprenden partículas de amalgama cuando masticamos o nos cepillamos los dientes enérgicamente (y más aún si se rompe y tragamos algún trozo de amalgama), pues, si bien la absorción intestinal del Hg suele ser, máximo, de un 10%, al llegar al intestino, todavía en su forma metálica (poco tóxica), con la intervención de la flora intestinal se transforman estas partículas metálicas y el vapor de Hg en la forma más peligrosa: el metilmercurio[1] (también llamado mercurio metílico, como ya hemos señalado). Este proceso se llama metilación. Desde el intestino pasa el metilmercurio a la circulación sanguínea y, finalmente, a los órganos.
  3. El Hg también se difunde a través de las encías, las raíces dentales y la mandíbula hasta el Sistema Nervioso Central. De ahí que sea particularmente peligrosa la amalgama cuando hay caries bajo ella o cuando se pone en endodoncias.   En esta lid, los propios fabricantes de amalgamas (1) aconsejan no poner amalgamas en endodoncias; de igual modo, (2) desaconsejan poner amalgamas a mujeres embarazadas (por el peligro para la mujer, pero, sobre todo, para el feto, pues el ión mercúrico atraviesa la placenta, y el cerebro del feto es de 5 a 10 veces más vulnerable que el de un adulto); (3) desaconsejan poner amalgamas a niños (pues su sistema inmune aún no está completamente formado); (4) desaconsejan poner amalgamas a personas con importantes problemas renales y, asimismo, (4) aconsejan poner el menor número de amalgamas posibles a cualquier persona. [En breve, colgaremos aquí para que pueda comprobarse que lo que decimos es así, y que nunca afirmamos por afirmar esos sabios consejos de los fabricantes de amalgama, que, así, además, se evitan tener problemas legales, pues ellos SÍ advierten del riesgo que implica manejar (Odontólogos/Estomatólogos y Asistentes Dentales) y portar (pacientes) amalgamas dentales]. 

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